Sobre el derecho a decidir de Cataluña.
Lo primero: no quiero que Cataluña se independice de el resto de España. De verdad. Si puedo hacer algo por impedirlo, lo haré.
No obstante:
Hay algo que está por encima de todo. Y se trata de los derechos humanos. Algo básico y fundamental en nuestra civilización.
De esos derechos humanos se desprende claramente que si una región no quiere estar dentro de un estado, nadie puede obligarla a estar.
Luego, hay mil cuestiones que pueden plantearse. Pero si la Constitución bloquea totalmente ese posibilidad, es la Constitución lo que está mal y es preciso modificar. Sobre esto no hay ningún género de duda.
Por supuesto, toda acción tiene consecuencias. Si a consecuencia de ello Cataluña sale de Europa, eso es algo que deberán asumir los catalanes. Seguramente, eso será negativo para ellos mismos y para el resto de España. Pero eso son cuestiones que viene después.
Lógicamente, el proceso independentista deberá ser razonablemente difícil. No sea que un día el Real Madrid meta una gran goleada al Barça y, sólo por eso, Cataluña quierae independizarse. Sobre todo, el gran requisito sería el de establecer una mayoría cualificada.
Pero ese cierre total que plantea el Partido Popular no es admisible. Y tampoco eso de que la unidad de España concierne a "todos" los españoles. Si Cataluña ha de ser o no independiente, concierne sólo a los que viven allí.
jueves, 19 de diciembre de 2013
miércoles, 14 de agosto de 2013
Puede ser interesante ver alguna de esas tertulias en las que se habla de la actual situación económica (la situación política queda en segundo término) y, lógicamente, de la crisis que estamos sufriendo.
Pero es preciso hacer una observación importante. Se trata de que todas las recetas que se dan para curar la enfermedad de la economía tienen una particularidad importante: en todas ellas se intenta resolver la crisis sin salir del sistema. Cuando es el sistema el que ha creado la crisis. La especulación financiera e inmobiliaria, la tremenda estafa universal.
Por supuesto, nos interesa, más que la crisis, nuestra crisis. derivada del hecho de que el capitalismo está abandonando los países hasta ahora avanzados, que ya no pueden crecer más (por motivos que no es difícil observar, pero que de momento obvio), para invertir en los que todavía tienen márgenes para crecer. Mientras se mantenga la
Pero es preciso hacer una observación importante. Se trata de que todas las recetas que se dan para curar la enfermedad de la economía tienen una particularidad importante: en todas ellas se intenta resolver la crisis sin salir del sistema. Cuando es el sistema el que ha creado la crisis. La especulación financiera e inmobiliaria, la tremenda estafa universal.
Por supuesto, nos interesa, más que la crisis, nuestra crisis. derivada del hecho de que el capitalismo está abandonando los países hasta ahora avanzados, que ya no pueden crecer más (por motivos que no es difícil observar, pero que de momento obvio), para invertir en los que todavía tienen márgenes para crecer. Mientras se mantenga la
sábado, 30 de junio de 2012
Comparativa cristianismo-islamismo
Comparativa cristianismo-islam.
No creo ser islamófobo (ni cristianófobo). Pero me siento en la obligación de ser objetivo y de manifestar los defectos que veo en ambas religiones (que son la misma, dado que ambas resultan de la evolución del judaísmo, que introduce elementos totalmente ausentes de las demás "creencias" acerca de lo sobrehumano que en el mundo había).
Pero paso a la comparativa.
1º. Ambas son dos ideologías de verdad absoluta.
2º. Ambas, en consecuencia, al ser poseedoras de la verdad absoluta, creen tener el permiso para imponerse por cualquier medio, e incluso sienten en la obligación de hacerlo. Con la violencia contra la libertad individual que ello supone, y con la violencia de todo tipo que origina.
3º. Pero existen dos diferencias importantes.
a) El cristianismo, afortunadamente, mantiene separados el poder político de la autoridad religiosa ("dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios"). En el islamismo estricto, es la verdad religiosa lo que justifica el poder político. Creo innecesario comentar las consecuencias.
b) El islam establece legalmente la poligamia. No es que en los países mayoritariamente cristianos no haya polígamos de hecho, hombres y mujeres. Pero eso es simplemente un problema moral que habrá que estudiar aparte. Lo grave es que el Islam, al dar carta de naturaleza jurídica a la poligamia, está creando un nuevo modo de derecho de la propiedad y un nuevo modo de esclavitud. De hecho, en los países donde los preceptos religiosos islámicos son ley, las mujeres son, de hecho, esclavas. Ahora, después de la guerra de Afanistán y de la mucha información que nos llega de esos países, esto está muy claro.
Por ejemplo, se sabe que en la India se ha hecho bastante común una curiosa estafa. En ese país, se han dado bastantes casos de negociantes plebeyos enriquecidos, que intentan casar a sus hijas con jóvenes de familia brahmán. La familia del novio negocia duramente la dote que ha de llevar la muchacha, tratando de conseguir la máxima cantidad posible. Luego, una vez celebrado el matrimonio, la familia del esposo se dedica a hacer la vida imposible a la esposa. Hasta que ésta, desesperada, huye. Pues bien, abandono del hogar conyugal, divorcio al canto y nos quedamos con la dote.
Aunque esto ocurra en los entornos induhistas, curiosamente es una contaminación de los entornos islamistas, donde la mujer debe obedecer rigurosamente al padre o a los hermanos, y donde estos, de hecho, negocian con su disponibilidad matrimonial en función de sus intereses. Aunque quizá deban aportar una dote, sobre todo en los estratos altos de la sociedad, encuentran beneficios por algún lado. Cuando no se realiza una venta descarada.
Pero hay otra curiosa consecuencia. Es la primera vez en la Historia, en los países desarrollados, en que hay paridad numérica entre sexos, y además libertad individual, con lo cual es fácil encontrar esposa. Pero, en general, ha habido siempre entre un diez y un quince por ciento más de hombres que de mujeres (lo afirman muchos antropólogos, procediendo mi cita de Marvin Harris). Pues bien, al dar "carta de naturaleza jurídica" a la poligamia, los hombres ricos y poderosos se dedican a acaparar mujeres, con lo cual se provoca escasez en lo que podríamos llamar "mercado del sexo", y un hombre normal, para reunir el "precio de la novia", debe esperar a los treinta, o treinta y cinco, o cuarenta años. Y mientras tanto, ¿qué es de su vida sexual? Ni que decir tiene que en los países islámicos las prácticas homosexuales han sido, de hecho e históricamente, mucho más frecuentes que en los cristianos. Esto ha llegado a convertirse en costumbres sociales, cosa comprobable, por ejemplo, en las noticias que nos han llegado de Afganistán. Aparte de la mucha literatura que conocemos de otros países y, también, de la época musulmana de España.
No soy homófobo, pero está claro que esta consecuencia, práctica y real, de la doctrina islámisa es importante y debe ser conocida.
No creo ser islamófobo (ni cristianófobo). Pero me siento en la obligación de ser objetivo y de manifestar los defectos que veo en ambas religiones (que son la misma, dado que ambas resultan de la evolución del judaísmo, que introduce elementos totalmente ausentes de las demás "creencias" acerca de lo sobrehumano que en el mundo había).
Pero paso a la comparativa.
1º. Ambas son dos ideologías de verdad absoluta.
2º. Ambas, en consecuencia, al ser poseedoras de la verdad absoluta, creen tener el permiso para imponerse por cualquier medio, e incluso sienten en la obligación de hacerlo. Con la violencia contra la libertad individual que ello supone, y con la violencia de todo tipo que origina.
3º. Pero existen dos diferencias importantes.
a) El cristianismo, afortunadamente, mantiene separados el poder político de la autoridad religiosa ("dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios"). En el islamismo estricto, es la verdad religiosa lo que justifica el poder político. Creo innecesario comentar las consecuencias.
b) El islam establece legalmente la poligamia. No es que en los países mayoritariamente cristianos no haya polígamos de hecho, hombres y mujeres. Pero eso es simplemente un problema moral que habrá que estudiar aparte. Lo grave es que el Islam, al dar carta de naturaleza jurídica a la poligamia, está creando un nuevo modo de derecho de la propiedad y un nuevo modo de esclavitud. De hecho, en los países donde los preceptos religiosos islámicos son ley, las mujeres son, de hecho, esclavas. Ahora, después de la guerra de Afanistán y de la mucha información que nos llega de esos países, esto está muy claro.
Por ejemplo, se sabe que en la India se ha hecho bastante común una curiosa estafa. En ese país, se han dado bastantes casos de negociantes plebeyos enriquecidos, que intentan casar a sus hijas con jóvenes de familia brahmán. La familia del novio negocia duramente la dote que ha de llevar la muchacha, tratando de conseguir la máxima cantidad posible. Luego, una vez celebrado el matrimonio, la familia del esposo se dedica a hacer la vida imposible a la esposa. Hasta que ésta, desesperada, huye. Pues bien, abandono del hogar conyugal, divorcio al canto y nos quedamos con la dote.
Aunque esto ocurra en los entornos induhistas, curiosamente es una contaminación de los entornos islamistas, donde la mujer debe obedecer rigurosamente al padre o a los hermanos, y donde estos, de hecho, negocian con su disponibilidad matrimonial en función de sus intereses. Aunque quizá deban aportar una dote, sobre todo en los estratos altos de la sociedad, encuentran beneficios por algún lado. Cuando no se realiza una venta descarada.
Pero hay otra curiosa consecuencia. Es la primera vez en la Historia, en los países desarrollados, en que hay paridad numérica entre sexos, y además libertad individual, con lo cual es fácil encontrar esposa. Pero, en general, ha habido siempre entre un diez y un quince por ciento más de hombres que de mujeres (lo afirman muchos antropólogos, procediendo mi cita de Marvin Harris). Pues bien, al dar "carta de naturaleza jurídica" a la poligamia, los hombres ricos y poderosos se dedican a acaparar mujeres, con lo cual se provoca escasez en lo que podríamos llamar "mercado del sexo", y un hombre normal, para reunir el "precio de la novia", debe esperar a los treinta, o treinta y cinco, o cuarenta años. Y mientras tanto, ¿qué es de su vida sexual? Ni que decir tiene que en los países islámicos las prácticas homosexuales han sido, de hecho e históricamente, mucho más frecuentes que en los cristianos. Esto ha llegado a convertirse en costumbres sociales, cosa comprobable, por ejemplo, en las noticias que nos han llegado de Afganistán. Aparte de la mucha literatura que conocemos de otros países y, también, de la época musulmana de España.
No soy homófobo, pero está claro que esta consecuencia, práctica y real, de la doctrina islámisa es importante y debe ser conocida.
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martes, 13 de marzo de 2012
La perversión de la lógica.
En su alegato en defensa de su reforma de la la ley del aborto, Alberto Ruiz Gallardón ha creado un nuevo concepto: el de violencia de género estructural, como intento de justificación del despojo a la mujer de su derecho a interrumpir el embarazo dentro de cierto plazo.
El problema para mí consiste en que está realizando una auténtica violación de la lógica y del lenguaje. Inventa un concepto imposible para justificar una arbitrariedad: la de intentar imponer a los demás una moral basada en unas creencias muy personales y muy discutibles. Creo innecesario ponerme a hablar de la existencia objetiva de Dios o del alma.
Lo grave del asunto es que una persona capaz de un atentado así contra la inteligencia natural es alguien de un nivel moral tan bajo que de él puede esperarse cualquier cosa. Es alguien capaz de todo con tal de realizar sus propósitos.
Muy en línea con las actuaciones del Partido Popular, que el año 2004 inició una verdadera guerra civil. Que durante años permaneció en un nivel verbal, pero que es de temer que acabe llegando a los hechos.
El problema para mí consiste en que está realizando una auténtica violación de la lógica y del lenguaje. Inventa un concepto imposible para justificar una arbitrariedad: la de intentar imponer a los demás una moral basada en unas creencias muy personales y muy discutibles. Creo innecesario ponerme a hablar de la existencia objetiva de Dios o del alma.
Lo grave del asunto es que una persona capaz de un atentado así contra la inteligencia natural es alguien de un nivel moral tan bajo que de él puede esperarse cualquier cosa. Es alguien capaz de todo con tal de realizar sus propósitos.
Muy en línea con las actuaciones del Partido Popular, que el año 2004 inició una verdadera guerra civil. Que durante años permaneció en un nivel verbal, pero que es de temer que acabe llegando a los hechos.
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miércoles, 2 de junio de 2010
Las culpas de Zapatero.
Estamos asistiendo a una celebración que no sabemos si caracterizar como apoteosis de la histeria hispánica o como una burrada más de nuestras fiestas populares. Seguramente tiene algo de las dos cosas, y, en último término, es una especie de desahogo simbólico de una colectividad drogada por los excesos que, de verdad, no se toma en serio eso de la "crisis".
Fenómeno más evidente y llamativo: todo el mundo ataca a Zapatero. Todo el mundo (es decir, todo ese colectivo de marujas y borrachos que hablan demasiado alto) está convencido de que es Zapatero el culpable de lo que está pasando. Nadie parece ver que lo que ocurre es que estamos al final de un camino. El camino en el que, con acierto o sin él, con buena o mala intención, nos metió Franco el año 1956. Una vez fracasada, por motivos que sería interesante estudiar, su política económica, firmó diversos acuerdos y nos metió de lleno en el mundo del capitalismo. Y por ese camino hemos transitado, con muy general satisfacción, durante muchos años. El crecimiento económico, la especulación financiera (no olvidemos la debacle bursátil de 1971) y la especulación inmobiliaria venían empujando desde hace muchos años. Y hace ya bastante que se oían voces que avisaban de lo que podía pasar. Hasta que pasó.
De lo único que se puede acusar a Zapatero es de no haber hecho lo que tampoco hizo Aznar, ni Felipe González. Y de haber tenido la desgracia de ganar las elecciones de 2004, gracias a la maldita casualidad de su coincidencia con un perverso atentado de Al Qaeda. Porque aquellas elecciones debió haberlas ganado el Partido Popular, que es quien debía haberse enfrentado con una crisis producida por su propio sistema social.
Las críticas más consistentes provienen de la izquierda. Gaspar Llamazares, esta misma noche, ha dicho algo que está muy claro: Zapatero está haciendo la política que lógicamente corresponde a Mariano Rajoy. Pero, señores, ¿quién se atreve a romper la lógica del sistema capitalista en el que estamos viviendo? Ese es el gran problema del PSOE: no puede escapar del sistema, y se ve obligado a hacer una política muy divergente de su ideología. ¿Podrá seguir funcionando la ideología socialdemócrata guiando las actuaciones del estado si, como es previsible, la crisis se profundiza? ¿Qué pasará cuando la derecha franca (la extrema derecha que tenemos en España) llegue al poder?
Estamos asistiendo a una celebración que no sabemos si caracterizar como apoteosis de la histeria hispánica o como una burrada más de nuestras fiestas populares. Seguramente tiene algo de las dos cosas, y, en último término, es una especie de desahogo simbólico de una colectividad drogada por los excesos que, de verdad, no se toma en serio eso de la "crisis".
Fenómeno más evidente y llamativo: todo el mundo ataca a Zapatero. Todo el mundo (es decir, todo ese colectivo de marujas y borrachos que hablan demasiado alto) está convencido de que es Zapatero el culpable de lo que está pasando. Nadie parece ver que lo que ocurre es que estamos al final de un camino. El camino en el que, con acierto o sin él, con buena o mala intención, nos metió Franco el año 1956. Una vez fracasada, por motivos que sería interesante estudiar, su política económica, firmó diversos acuerdos y nos metió de lleno en el mundo del capitalismo. Y por ese camino hemos transitado, con muy general satisfacción, durante muchos años. El crecimiento económico, la especulación financiera (no olvidemos la debacle bursátil de 1971) y la especulación inmobiliaria venían empujando desde hace muchos años. Y hace ya bastante que se oían voces que avisaban de lo que podía pasar. Hasta que pasó.
De lo único que se puede acusar a Zapatero es de no haber hecho lo que tampoco hizo Aznar, ni Felipe González. Y de haber tenido la desgracia de ganar las elecciones de 2004, gracias a la maldita casualidad de su coincidencia con un perverso atentado de Al Qaeda. Porque aquellas elecciones debió haberlas ganado el Partido Popular, que es quien debía haberse enfrentado con una crisis producida por su propio sistema social.
Las críticas más consistentes provienen de la izquierda. Gaspar Llamazares, esta misma noche, ha dicho algo que está muy claro: Zapatero está haciendo la política que lógicamente corresponde a Mariano Rajoy. Pero, señores, ¿quién se atreve a romper la lógica del sistema capitalista en el que estamos viviendo? Ese es el gran problema del PSOE: no puede escapar del sistema, y se ve obligado a hacer una política muy divergente de su ideología. ¿Podrá seguir funcionando la ideología socialdemócrata guiando las actuaciones del estado si, como es previsible, la crisis se profundiza? ¿Qué pasará cuando la derecha franca (la extrema derecha que tenemos en España) llegue al poder?
Ubicación:
Madrid, España
martes, 23 de febrero de 2010
El terror que no puede decir su nombre.
Últimamente, a vueltas con la crisis, estamos asistiendo a una estraña ceremonia, no sé si de confusión, de exorcismo, o si se trata de una de esas actividades distractivas con las que las gallinas intentan rebajar la tensión cuando se presenta el zorro.
Al parecer, el problema es el paro. Lo grave no es que no se sepa como resolver el problema del paro, sino que nadie parece darse cuenta de que el paro no tiene solución.
Al menos, no la tiene en las actuales condiciones de funcionamiento del colectivo social.
Porque, en definitiva, se trata de convencer a los empresarios para que creen puestos de trabajo. Y nadie reconoce, al menos públicamente, de que los empresarios no tienen ningún interés en crear puestos de trabajo. Están simplemente interesados en abaratar el despido. Un abaratamiento que, de verdad, no necesitan.
El empresario es un ser normal y corriente, interesado solamente en acumular riqueza. Se pretende aumentar sus beneficios con rebajas de impuestos, o con bonificaciones en sus cuotas a la seguridad social. Y lo cierto es que, desde hace ya tiempo, el empresario invierte sus beneficios en máquinas, no en trabajo humano. Cuanto más dinero gane el empresario, más puestos de trabajo va a destruir. Aparte de que siempre tiene la posibilidad de llevarse sus ganancias a un paraíso fiscal, e invertir luego en países de mano de obra baratísima, quitándonos trabajo a nosotros, los todavía bien acomodados ciudadanos del primer mundo.
En lo que sí parece estar todo el mundo de acuerdo es en la solución: mejorar la competitividad, para aumentar las exportaciones y crear puestos de trabajo.
O lo que es lo mismo: exportar el paro.
Desgraciadamente, los extranjeros son tan listos como nosotros, y, además, cobran menos. ¿Vamos a competir con los chinos, que trabajan por un euro diario?
Confiamos demasiado en la iniciativa privada, en una producción excesiva y en un mercado saturado.
Alguien me está diciendo: Es que tiene que intervenir el estado. Tiene que organizar la producción y la distribución de bienes y servicios. No podemos confiar en el caos de la avaricia individual.
Sí, es cierto. Habría que hacer una revolución. O mejor, eliminemos tan antipática palabra, y digamos sólo reformas serias y profundas.
Pero como eso está vedado en la práctica, lo único que se puede hacer es poner parches. Lo que hace el PSOE, frente al guirigay para deficientes mentales con que le critica la ultraderecha pepera.
Bueno, no quiero alargarme. O interviene el Estado, e inteerviene bien, o estamos perdidos.
Echen un buen vistazo a la Historia para saber de otros muchos casos en los que también estuvimos perdidos.
Al parecer, el problema es el paro. Lo grave no es que no se sepa como resolver el problema del paro, sino que nadie parece darse cuenta de que el paro no tiene solución.
Al menos, no la tiene en las actuales condiciones de funcionamiento del colectivo social.
Porque, en definitiva, se trata de convencer a los empresarios para que creen puestos de trabajo. Y nadie reconoce, al menos públicamente, de que los empresarios no tienen ningún interés en crear puestos de trabajo. Están simplemente interesados en abaratar el despido. Un abaratamiento que, de verdad, no necesitan.
El empresario es un ser normal y corriente, interesado solamente en acumular riqueza. Se pretende aumentar sus beneficios con rebajas de impuestos, o con bonificaciones en sus cuotas a la seguridad social. Y lo cierto es que, desde hace ya tiempo, el empresario invierte sus beneficios en máquinas, no en trabajo humano. Cuanto más dinero gane el empresario, más puestos de trabajo va a destruir. Aparte de que siempre tiene la posibilidad de llevarse sus ganancias a un paraíso fiscal, e invertir luego en países de mano de obra baratísima, quitándonos trabajo a nosotros, los todavía bien acomodados ciudadanos del primer mundo.
En lo que sí parece estar todo el mundo de acuerdo es en la solución: mejorar la competitividad, para aumentar las exportaciones y crear puestos de trabajo.
O lo que es lo mismo: exportar el paro.
Desgraciadamente, los extranjeros son tan listos como nosotros, y, además, cobran menos. ¿Vamos a competir con los chinos, que trabajan por un euro diario?
Confiamos demasiado en la iniciativa privada, en una producción excesiva y en un mercado saturado.
Alguien me está diciendo: Es que tiene que intervenir el estado. Tiene que organizar la producción y la distribución de bienes y servicios. No podemos confiar en el caos de la avaricia individual.
Sí, es cierto. Habría que hacer una revolución. O mejor, eliminemos tan antipática palabra, y digamos sólo reformas serias y profundas.
Pero como eso está vedado en la práctica, lo único que se puede hacer es poner parches. Lo que hace el PSOE, frente al guirigay para deficientes mentales con que le critica la ultraderecha pepera.
Bueno, no quiero alargarme. O interviene el Estado, e inteerviene bien, o estamos perdidos.
Echen un buen vistazo a la Historia para saber de otros muchos casos en los que también estuvimos perdidos.
jueves, 2 de julio de 2009
Y seguimos con la crisis. Aunque es un clamor popular de que no se trata de una crisis, sino de una estafa, quizá sea interesante hacer algunos comentarios por si acaso.
Como todo el mundo sabe, en España, y parece que también en el mundo, el poder económico está muy concentrado. Los mismos son los dueños de todo, o por lo menos de los medios de producción más importantes. Entre ellos, los bancos y las constructoras. Es decir, los que tienen bancos también tienen constructoras. Y atención al procedimiento.
Tradicionalmente nos hemos venido quejando de que los bancos prestan dinero a los que ya lo tienen. Que exigen tales garantías que las personas de las clases humildes no pueden acceder a créditos. Sin embargo, en los últimos años hemos visto con asombro como se concedían créditos enormes, relacionados, en el problema que nos ocupa, con la compra de viviendas, que han tenido una exagerada subida de precios. Y a personas de bajo nivel de rentas y de trabajos sumamente precarios.
¿Qué se estaba haciendo? Pues sencillamente, transferir dinero de los depositantes de las cuentas corrientes hacia los constructores. En medio quedaban el banco y el comprador, con una hipoteca entre ellos y una vivienda de problemático valor.
Y con frecuencia, y sobre todo en España, el trabajo del comprador estaba ligado a la construcción. Cuando la construcción empezó a decaer (lógicamente, pues se había construído en cantidades exageradas), esos trabajos empezaron a desaparecer. Y los compradores dejaron de pagar. Lógicamente, aumentó la morosidad en el pago de préstamos.
Los constructores se habían llevado su dinero. Habían hecho su negocio, y lo que quedara detrás no importaba. Si luego la contabilidad de los bancos empezaba a arrojar pérdidas, eso qué importaba. Que lo arregle el estado. Al fin y al cabo, el dinero que manejan los bancos no es de los banqueros.
Como todo el mundo sabe, en España, y parece que también en el mundo, el poder económico está muy concentrado. Los mismos son los dueños de todo, o por lo menos de los medios de producción más importantes. Entre ellos, los bancos y las constructoras. Es decir, los que tienen bancos también tienen constructoras. Y atención al procedimiento.
Tradicionalmente nos hemos venido quejando de que los bancos prestan dinero a los que ya lo tienen. Que exigen tales garantías que las personas de las clases humildes no pueden acceder a créditos. Sin embargo, en los últimos años hemos visto con asombro como se concedían créditos enormes, relacionados, en el problema que nos ocupa, con la compra de viviendas, que han tenido una exagerada subida de precios. Y a personas de bajo nivel de rentas y de trabajos sumamente precarios.
¿Qué se estaba haciendo? Pues sencillamente, transferir dinero de los depositantes de las cuentas corrientes hacia los constructores. En medio quedaban el banco y el comprador, con una hipoteca entre ellos y una vivienda de problemático valor.
Y con frecuencia, y sobre todo en España, el trabajo del comprador estaba ligado a la construcción. Cuando la construcción empezó a decaer (lógicamente, pues se había construído en cantidades exageradas), esos trabajos empezaron a desaparecer. Y los compradores dejaron de pagar. Lógicamente, aumentó la morosidad en el pago de préstamos.
Los constructores se habían llevado su dinero. Habían hecho su negocio, y lo que quedara detrás no importaba. Si luego la contabilidad de los bancos empezaba a arrojar pérdidas, eso qué importaba. Que lo arregle el estado. Al fin y al cabo, el dinero que manejan los bancos no es de los banqueros.
miércoles, 14 de mayo de 2008
No esperaba que se produjera una crisis tal en el Partido Popular, aunque sabía que algo tenía que pasar.
A pesar de que las elecciones han sido para ellos una derrota que casi equivale a una victoria (han ganado votos, a pesar de su canallesco comportamiento político), han empezado los problemas. Ya durante la campaña electoral procuraron dejar discretamente a un lado a los elementos más impresentables (Eduardo Zaplana y Angel Acebes; no se pudo hacer otro tanto con Esperanza Aguirre, ya que no se presentaba, no obstante lo cual montó su propio espectáculo). Una vez perdidas las elecciones, aunque fuera por demasiado poco, nos ha llamado la atención que tanto uno como otro hayan salido de la política. ¿Y eso por qué? Pues a cualquiera se le ocurre que estar ocho años seguidos sin meter la mano en los presupuesto del Estado es demasiado para algunos. Una vez que deja de interesar eso de la política, es normal buscarse un buen empleo. En el caso de Zaplana. En el de Acebes, ya veremos qué pasa. Lo inquietante del caso lo expresó muy bien Gaspar Llamazares: la existencia de misteriosos túneles entre el poder económico y el político. En efecto, ¿qué acreditación tiene Zaplana en Telefónica? ¿Y el extraño desembarco de Manuel Pizarro en la política? Verdaderamente, existen formas de poder que se escapan al control democrático. Muy peligroso.
Por lo demás, se ha puesto de manifiesto la división en el seno de ese partido. El llamado "sector duro", alrededor de Esperanza Aguirre y María San Gil, y el que se supone más moderado, en torno a Rajoy. Ya veremos qué pasa. Recientemente vimos en "los desayunos de TVE1" a un representanto del Partido Popular, curiosamente en Cataluña, tratando de presentar la situación como lo más normal, como la demostración de que se trata de un partido democrático, con pluralidad de opiniones y diversas tendencia. Al final, todo habrá de armonizarse en el próximo congreso del Partido. Pero todos sabemos que una cosa es la realidady otra la cobertura formal e ideológica. Todos hemos podido ver la guerra civil (afortunadamente sólo verbal, de momento) a que nos han sometido durante cuatro años.
Pero tenemos una explicación mucho más fiable y más coherente con los hechos. Durante ocho años, han estado derrochando dinero público en gigantescas obras que a veces eran necesaria, otras excesivas y otras abiertamente inútiles. Adivine el lector quién se beneficiaba de esas ingentes inversiones. Al perder las elecciones en 2004 (ciertamente: una sorpresa para todos), se les fue el negocio de las manos. Han estado desarrollando una feroz estrategia durante cuatro años, en un intento de recuperar el poder. Y al no conseguirlo, aunque sea por poco, a algunos de sus líderes les ha dejado de interesar la política. ¿Y que sentido tienen los enfrentamientos que se están produciendo? Quizá sea todo cuestión de ambiciones personales. De momento, quedemos a la espera de ver qué pasa.
A pesar de que las elecciones han sido para ellos una derrota que casi equivale a una victoria (han ganado votos, a pesar de su canallesco comportamiento político), han empezado los problemas. Ya durante la campaña electoral procuraron dejar discretamente a un lado a los elementos más impresentables (Eduardo Zaplana y Angel Acebes; no se pudo hacer otro tanto con Esperanza Aguirre, ya que no se presentaba, no obstante lo cual montó su propio espectáculo). Una vez perdidas las elecciones, aunque fuera por demasiado poco, nos ha llamado la atención que tanto uno como otro hayan salido de la política. ¿Y eso por qué? Pues a cualquiera se le ocurre que estar ocho años seguidos sin meter la mano en los presupuesto del Estado es demasiado para algunos. Una vez que deja de interesar eso de la política, es normal buscarse un buen empleo. En el caso de Zaplana. En el de Acebes, ya veremos qué pasa. Lo inquietante del caso lo expresó muy bien Gaspar Llamazares: la existencia de misteriosos túneles entre el poder económico y el político. En efecto, ¿qué acreditación tiene Zaplana en Telefónica? ¿Y el extraño desembarco de Manuel Pizarro en la política? Verdaderamente, existen formas de poder que se escapan al control democrático. Muy peligroso.
Por lo demás, se ha puesto de manifiesto la división en el seno de ese partido. El llamado "sector duro", alrededor de Esperanza Aguirre y María San Gil, y el que se supone más moderado, en torno a Rajoy. Ya veremos qué pasa. Recientemente vimos en "los desayunos de TVE1" a un representanto del Partido Popular, curiosamente en Cataluña, tratando de presentar la situación como lo más normal, como la demostración de que se trata de un partido democrático, con pluralidad de opiniones y diversas tendencia. Al final, todo habrá de armonizarse en el próximo congreso del Partido. Pero todos sabemos que una cosa es la realidady otra la cobertura formal e ideológica. Todos hemos podido ver la guerra civil (afortunadamente sólo verbal, de momento) a que nos han sometido durante cuatro años.
Pero tenemos una explicación mucho más fiable y más coherente con los hechos. Durante ocho años, han estado derrochando dinero público en gigantescas obras que a veces eran necesaria, otras excesivas y otras abiertamente inútiles. Adivine el lector quién se beneficiaba de esas ingentes inversiones. Al perder las elecciones en 2004 (ciertamente: una sorpresa para todos), se les fue el negocio de las manos. Han estado desarrollando una feroz estrategia durante cuatro años, en un intento de recuperar el poder. Y al no conseguirlo, aunque sea por poco, a algunos de sus líderes les ha dejado de interesar la política. ¿Y que sentido tienen los enfrentamientos que se están produciendo? Quizá sea todo cuestión de ambiciones personales. De momento, quedemos a la espera de ver qué pasa.
miércoles, 26 de marzo de 2008
Un resultado alarmante.
La democracia tiene un curiosa virtud: muestra la verdadera naturaleza de los pueblos. Y, en ese sentido, el resultado de las últimas elecciones en España es verdaderamente alarmante.
Es alarmante porque, dado el pésimo comportamiento político del Partido Popular durante los cuatro últimos años, el pueblo español hubiera debido castigarlo mediante una derrota electoral abultada. Y no sólo no lo ha hecho, sino que le ha premiado con más votos, arrancados de los pequeños partidos políticos, dejando sin representación a muchos españoles.
Alguien podría decirme que peor sería si el PP hubiera ganado. Yo no lo tengo muy claro: quizá hubiera sido bueno sufrirlo durante los años de recesión económica que parece se avecinan, a ver si de ese modo aprendemos a enfrentarnos con los hechos.
Pero no es esa la cuestión. La cuestión es que el Partido Popular ha realizado una oposición sucia, inmoral, virulenta. Es una cuestión de moral: hay cosas que no se deben hacer. Y el PP no se ha detenido ante nada. No vale recurrir a cualquier procedimiento con tal de hacerse con el poder. Es preciso respetar ciertas normas morales básicas. Si no se hace, no se está haciendo oposición política, sino guerra civil. De momento, a nivel verbal. Pero es de temer que esto sólo sea una primera fase.
Algunas de esas malas acciones del Partido Popular: Meter ideas equivocadas deleberadamente en la mente de la gente, como aquella idea de que en los Ayuntamiento gobernaran los partidos de la lista más votada. Eso es apelar a la confusión de ideas reinante en la mente de la mayoría de los españoles, que hace que no tengan una idea clara de lo que es la democracia. Por favor, si alguien no lo entiende, intente buscar algún texto serio sobre lo que es la democracia representativa.
Otra: empezar con las ofertas de rebajas de impuestos. Sencillamente, es un mal procedimiento. Simplemente, apela a la avaricia de los electores. El Estado necesita dinero para actuar, y aunque no parezcan convenientes unos impuestos excesivos, tampoco se puede pensar en una rebaja indefinidas.
Apelar al miedo, sobre todo en relación con los inmigrantes. Desgraciadamente, en estos momentos, los inmigrantes no son el problema, sino la solución. (Naturalmente, hablo del momento presente, no de dentro de diez o quince años. Entonces, todo dependerá de cómo se hayan hecho las cosas). Pero es que, además, el PP es el partido de los ricos, que desean que haya muchos inmigrantes, que son mano de obra barata. Aquí el PP, además, hace un ejercicio de hipocresía.
Confunde deliberadamente los poderes del estado, obliga al Estado a desarrollar una política antiterrorista absurda (ellos, entre 1996 y 2004, negociaron descaradamente con ETA, de la cual son, en la actualidad, los grandes protavocdes, aparte de ceder en todo ante catalanes y vascos con tal de conseguir la investidura de Aznar), inventa problemas inexistentes, como el problema de "España", en la actualidad más sólida que nunca en la historia.
Y se ha auxiliado de la Iglesia Católica, aliada en una absurda guerra contra la asignatura de "Educación para la ciudadanía". La cual habla de cosas como la democracia, los derechos humanos, la libertad con responsabilidad, el respeto crítico a la ideas y creencias ajenas... ¿Es que alguien puede estar en desacuerdo con eso?
En fin, se las han arreglado para hacer retroceder un siglo el reloj de la historia. Gracias a ellos, estamos otra vez como entonces: en estado de guerra civil latente.
Es alarmante porque, dado el pésimo comportamiento político del Partido Popular durante los cuatro últimos años, el pueblo español hubiera debido castigarlo mediante una derrota electoral abultada. Y no sólo no lo ha hecho, sino que le ha premiado con más votos, arrancados de los pequeños partidos políticos, dejando sin representación a muchos españoles.
Alguien podría decirme que peor sería si el PP hubiera ganado. Yo no lo tengo muy claro: quizá hubiera sido bueno sufrirlo durante los años de recesión económica que parece se avecinan, a ver si de ese modo aprendemos a enfrentarnos con los hechos.
Pero no es esa la cuestión. La cuestión es que el Partido Popular ha realizado una oposición sucia, inmoral, virulenta. Es una cuestión de moral: hay cosas que no se deben hacer. Y el PP no se ha detenido ante nada. No vale recurrir a cualquier procedimiento con tal de hacerse con el poder. Es preciso respetar ciertas normas morales básicas. Si no se hace, no se está haciendo oposición política, sino guerra civil. De momento, a nivel verbal. Pero es de temer que esto sólo sea una primera fase.
Algunas de esas malas acciones del Partido Popular: Meter ideas equivocadas deleberadamente en la mente de la gente, como aquella idea de que en los Ayuntamiento gobernaran los partidos de la lista más votada. Eso es apelar a la confusión de ideas reinante en la mente de la mayoría de los españoles, que hace que no tengan una idea clara de lo que es la democracia. Por favor, si alguien no lo entiende, intente buscar algún texto serio sobre lo que es la democracia representativa.
Otra: empezar con las ofertas de rebajas de impuestos. Sencillamente, es un mal procedimiento. Simplemente, apela a la avaricia de los electores. El Estado necesita dinero para actuar, y aunque no parezcan convenientes unos impuestos excesivos, tampoco se puede pensar en una rebaja indefinidas.
Apelar al miedo, sobre todo en relación con los inmigrantes. Desgraciadamente, en estos momentos, los inmigrantes no son el problema, sino la solución. (Naturalmente, hablo del momento presente, no de dentro de diez o quince años. Entonces, todo dependerá de cómo se hayan hecho las cosas). Pero es que, además, el PP es el partido de los ricos, que desean que haya muchos inmigrantes, que son mano de obra barata. Aquí el PP, además, hace un ejercicio de hipocresía.
Confunde deliberadamente los poderes del estado, obliga al Estado a desarrollar una política antiterrorista absurda (ellos, entre 1996 y 2004, negociaron descaradamente con ETA, de la cual son, en la actualidad, los grandes protavocdes, aparte de ceder en todo ante catalanes y vascos con tal de conseguir la investidura de Aznar), inventa problemas inexistentes, como el problema de "España", en la actualidad más sólida que nunca en la historia.
Y se ha auxiliado de la Iglesia Católica, aliada en una absurda guerra contra la asignatura de "Educación para la ciudadanía". La cual habla de cosas como la democracia, los derechos humanos, la libertad con responsabilidad, el respeto crítico a la ideas y creencias ajenas... ¿Es que alguien puede estar en desacuerdo con eso?
En fin, se las han arreglado para hacer retroceder un siglo el reloj de la historia. Gracias a ellos, estamos otra vez como entonces: en estado de guerra civil latente.
miércoles, 5 de marzo de 2008
Derecha vs. derecha.
Parece que en las actuales elecciones españolas derecha e izquierda compiten por el poder. Pero ello es un error, ya que el PSOE es muy claramente un partido de derechas. Eso sí, derecha moderada y razonable, dentro de lo que cabe. Pero lo cierto es que nos ha metido en el mundo rico, sin intentar ninguna reforma social en profundidad. Hizo, en los tiempos de Felipe González, una importantísima tarea de organizar el Estado. Resulta aterrador imaginar lo que hubiera hecho Alianza Popular. Pero luego nos ha mantenido dentro de la más estricta lógica del capitalismo, respetando rigurosamente la propiedad privada y la libertad de empresa, e incluso comenzando el desmantelamiento del patrimonio del Estado, llevado hasta sus últimas consecuencias por el Partido Popular y que hace que España sea uno de los países con menor sector económico controlado por el Estado, superado en este aspecto sólo por estados gobernados por mafias, cuyo mejor ejemplo es la Rusia actual.
Sólo se me ocurre ya hacer una parábola: la actual política española se asemeja a una película del oeste, en la cual hay un malo tan extremadamente malo que hay que hacer cualquir cosacon tal de cerrarle el paso. Hay que desear que gane el PSOE las elecciones, no porque este partido sea "bueno", sino porque el Partido Popular es extremadamente malo. Ese Eduardo Zaplana, ese Angel Acebes, esa Esperanza Aguirre... ¿Será aventurado pensar que su único propósito es controlar los presupuestos del Estado?
Parece que en las actuales elecciones españolas derecha e izquierda compiten por el poder. Pero ello es un error, ya que el PSOE es muy claramente un partido de derechas. Eso sí, derecha moderada y razonable, dentro de lo que cabe. Pero lo cierto es que nos ha metido en el mundo rico, sin intentar ninguna reforma social en profundidad. Hizo, en los tiempos de Felipe González, una importantísima tarea de organizar el Estado. Resulta aterrador imaginar lo que hubiera hecho Alianza Popular. Pero luego nos ha mantenido dentro de la más estricta lógica del capitalismo, respetando rigurosamente la propiedad privada y la libertad de empresa, e incluso comenzando el desmantelamiento del patrimonio del Estado, llevado hasta sus últimas consecuencias por el Partido Popular y que hace que España sea uno de los países con menor sector económico controlado por el Estado, superado en este aspecto sólo por estados gobernados por mafias, cuyo mejor ejemplo es la Rusia actual.
Sólo se me ocurre ya hacer una parábola: la actual política española se asemeja a una película del oeste, en la cual hay un malo tan extremadamente malo que hay que hacer cualquir cosacon tal de cerrarle el paso. Hay que desear que gane el PSOE las elecciones, no porque este partido sea "bueno", sino porque el Partido Popular es extremadamente malo. Ese Eduardo Zaplana, ese Angel Acebes, esa Esperanza Aguirre... ¿Será aventurado pensar que su único propósito es controlar los presupuestos del Estado?
Debate electoral: desencuentro.
He de reconocer que no vi el segundo debate entre Rajoy y Zapatero, sólo las primeras intervenciones y las breves noticias de algunos telediarios. Pero sívi el primero, que me resultó extremadamente interesante. Más que nada, por su tono y por el hecho de que los participantes no se respondían el uno al otro. Más bien, se limitaban a lanzar su propio discurso, sin hacer mucho caso de lo que el otro decía. Sin embargo, es preciso decir, a favor de Zapatero, que Rajoy presentó un discruso político del nivel más bajo posible, en un probale intento de captar los votos de los electores de más bajo nivel intelectual. Y que, ante sus acusaciones, Zapatero no podía dar la adecuada contestación ya que, como creo está muy claro, los votantes no iban a poder, ni seguramente tampoco querer, entenderlas. Y, desde luego, algunos echamos de menos que se plantearan los verdaderos problemas que el futuro presenta. El discurso político no puede intentar corregir la general pretensión de que continue de manera imparable un crecimiento económico que sabemos no puede mantenerse a largo plazo. La avaricia general no permite plantear la cuestión de que el crecimiento debería parar algún día, y de que es necesario empezar a controlarlo.
La actual aparente paz social se basa en que los ambiciosos (los conquistadores y forajidos de toda laya de cualquierépoca) pueden acumular riquezas sin límite y, a pesar de ello, queda bastante para los demás. Cualdo por algún motivo (el agotamiento del petróleo, por ejemplo) disminuya el crecimiento económico, me temo que seremos incapaces de administrar la estabilidad económica. ¿Otra guerra mundial, esta vez con miles de millones de muertos? No parece que el pueblo esté dispuesto a ser razonable. Y en ello se apoya la política de los partidos neoliberales, ejemplo conspicuo de los cuales es el Partido Popular español.
He de reconocer que no vi el segundo debate entre Rajoy y Zapatero, sólo las primeras intervenciones y las breves noticias de algunos telediarios. Pero sívi el primero, que me resultó extremadamente interesante. Más que nada, por su tono y por el hecho de que los participantes no se respondían el uno al otro. Más bien, se limitaban a lanzar su propio discurso, sin hacer mucho caso de lo que el otro decía. Sin embargo, es preciso decir, a favor de Zapatero, que Rajoy presentó un discruso político del nivel más bajo posible, en un probale intento de captar los votos de los electores de más bajo nivel intelectual. Y que, ante sus acusaciones, Zapatero no podía dar la adecuada contestación ya que, como creo está muy claro, los votantes no iban a poder, ni seguramente tampoco querer, entenderlas. Y, desde luego, algunos echamos de menos que se plantearan los verdaderos problemas que el futuro presenta. El discurso político no puede intentar corregir la general pretensión de que continue de manera imparable un crecimiento económico que sabemos no puede mantenerse a largo plazo. La avaricia general no permite plantear la cuestión de que el crecimiento debería parar algún día, y de que es necesario empezar a controlarlo.
La actual aparente paz social se basa en que los ambiciosos (los conquistadores y forajidos de toda laya de cualquierépoca) pueden acumular riquezas sin límite y, a pesar de ello, queda bastante para los demás. Cualdo por algún motivo (el agotamiento del petróleo, por ejemplo) disminuya el crecimiento económico, me temo que seremos incapaces de administrar la estabilidad económica. ¿Otra guerra mundial, esta vez con miles de millones de muertos? No parece que el pueblo esté dispuesto a ser razonable. Y en ello se apoya la política de los partidos neoliberales, ejemplo conspicuo de los cuales es el Partido Popular español.
lunes, 10 de diciembre de 2007
Esperpento.
Estamos ante un esperpento que hubiera llamado sin duda la atención de Valle-Inclán. Consiste, ni más ni menos, que en la desproporcionada atención que la sociedad española está prestando a ETA. Porque ETA no es un problema. Matizo: No es un problema político. Es un simple problema de orden público. Y para eso tenemos unos policías que trabajan muy bien y unos jueces que, estos sí, me temo que deberían ser más numerosos y que deberían tener más medios. Ello deberían ocuparse de ETA y no los políticos. Hablo del momento actual, no de otros tiempos que ya van quedando muy atrás y en los que la actividad de la banda podía justificar otro tratamiento. Pero, en estos momentos, es absolutamente indecoroso y ridículo el tremendo sarao que se ha montado en torno del asesinato de dos personas.
Entiéndaseme: un asesinato es algo muy triste y que debe ser perseguido. Pero para eso ya tenemos jueces y policías. Y a los asesinatos de ETA se les debería dar el mismo tratamiento que a cualesquiera otros asesinatos.
Pero todos sabemos lo que pasa. El electoralismo es uno de los cánceres de la democracia. Sobre todo el electoralismo de cierto partido que está dispuesto a todo con tal de meter mano en los presupuestos del Estado. Incluso explotar la desgracia de algunas personas. A pesar de que, como saben ellos y sabemos todos, el mayor favor que se puede hacer a ETA es hablar de ella.
Entiéndaseme: un asesinato es algo muy triste y que debe ser perseguido. Pero para eso ya tenemos jueces y policías. Y a los asesinatos de ETA se les debería dar el mismo tratamiento que a cualesquiera otros asesinatos.
Pero todos sabemos lo que pasa. El electoralismo es uno de los cánceres de la democracia. Sobre todo el electoralismo de cierto partido que está dispuesto a todo con tal de meter mano en los presupuestos del Estado. Incluso explotar la desgracia de algunas personas. A pesar de que, como saben ellos y sabemos todos, el mayor favor que se puede hacer a ETA es hablar de ella.
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