La anulación del deseo, la renuncia
a todo y la eliminación consiguiente de la necesidad son un lujo que sólo
pueden permitirse los que han triunfado, los que han llegado al mas alto grado
de la realización. Mientras existe una sola necesidad verdadera, esa necesidad
será un obstáculo a la reflexión, un acicate para la acción. Sólo alguna forma
de plenitud puede darnos la capacidad de comprender la vacuidad de todo. Es
preciso ganar todas nuestras batallas para poder constatar la inutilidad de
haberlas librado.
miércoles, 11 de septiembre de 2019
domingo, 8 de septiembre de 2019
Una pintada
Frase leída en el "Metro",
en una pintada:
"Mili, ¿para qué? si nadie
quiere ir".
A continuación pensé: "Tampoco
quiere nadie venir al mundo, pero todo el mundo viene".
&&&
Hace mucho tiempo que la filosofía
enseña la vacuidad de las tautologías, su falta de contenido. Actualmente, sin
embargo, vivimos en un mundo en que esas tautologías han llegado a ser
revolucionarias.
viernes, 6 de septiembre de 2019
La inútil perfección.
Tras una larga cadena de asociación
de ideas cuyo comienzo prefiero no recordar, me di cuenta de que las armaduras
más perfectas se construyeron en el siglo XVI, cuando ya las armas de fuego las
habían hecho inútiles.
Generalizando, me di cuenta de que
la mayoría de los inventos humanos nacen bajo el imperativo de la necesidad, se
perfeccionan cuando los condicionantes económicos lo permiten y llegan a la
perfección cuando ya son completamente inútiles, por puras exigencias de la
estética, por una cierta necesidad humana de coherencia interna.
De aquí se desprende la inutilidad,
desde el punto de vista de lo natural, de la razón humana, de los más íntimos y
propios constituyentes de nuestra mente.
domingo, 18 de agosto de 2019
La libertad, ¿para qué? Supongo que
para algo. Pero sobre ese algo podemos hacernos la misma pregunta: ¿Para qué?
Esperamos que se nos diga para otro algo. Y este nuevo algo, ¿para qué? Y así
sucesivamente. Pero habrá que pararse en alguna cosa. Yo prefiero quedarme con
la libertad, sin tratar de justificarla. Prefiero evitarme todo el esfuerzo
subsiguiente.
&&&
Pero eso significa que la libertad
no tiene sentido. Y si pretendemos convertir nuestras justificaciones en una
cadena infinita, eso significa también que nada tiene sentido.
&&&
Libertad, ¿para qué? La
característica principal de la libertad consiste en la capacidad de determinar
ese para qué en cada momento. Lo cual demuestra, por otro camino, la carencia
de sentido de la libertad.
&&&
El sentido es la negación más
completa posible de la libertad.
&&&
A lo largo de toda la historia, los
hombres han buscado un sentido para su actividad y para sus vidas. Esa búsqueda
es la manifestación más palpable y llamativa del miedo a la libertad.
&&&
Pero la realidad, la vida, es la
indeterminación, es decir, la libertad. Podemos concluir que esa búsqueda de
sentido expresa también miedo a la vida.
&&&
El miedo a la libertad, es decir, a
la vida, lleva a los hombres a construir sistemas completos en sí mismos,
basados en una razón autojustificativa -sistemas totalitarios. Dentro de ellos,
la vida se siente determinada, constreñida. Y como la vida es indeterminación
autoexpansiva, esos sistemas acaban necesariamente convirtiéndose en
productores de opresión, de horror. La mente humana, huyendo de un horror - lo
desconocido e imprevisible- cae en otro horror -lo excesivamente conocido,
igualmente incomprensible.
&&&
Para que un sistema pueda ser
accesible a la razón, debe basarse en un número finito de principios. Pero la
vida, y el deseo, que es su más acabada expresión, se caracteriza precisamente
porque busca y encuentra la posibilidad no prevista. Ello significa que razón y
vida son heterogéneos e incompatibles. Y el hombre, puesto que participa de ambas,
víctima de una contradicción irresoluble.
miércoles, 14 de agosto de 2019
Hace tiempo me llamó la atención un
mísero perrillo faldero al que un señor, acompañado por una señora, llevaba
sujeto por una larga cadena. El perrillo, al extremo de la cadena, tiraba y
resollaba con la lengua fuera. ¿Para qué esa cadena tan larga, cuatro o cinco
veces la longitud normal? ¿Quizá su dueño intentaba darle al perro un mayor
margen de libertad? ¿Es que no se daba cuenta el buen señor de la inutilidad de
su buena intención? Por muy larga que sea la cadena, siempre será demasiado
corta para el deseo del animal.
Y el caso es que aquel hombre,
probablemente, quería a su perro. No podía dejarlo totalmente suelto, ya que
eso hubiera sido fatal para el pobre animal, en una zona de intenso tráfico
rodado. Tampoco era capaz de renunciar a él. Y, por lo tanto, lo obligaba a
llevar una vida miserable. El amor ata, esclaviza. Sólo la indiferencia da la
libertad. Libertad para enfrentarse al caos o a la nada. Libertad para correr
hacia la propia destrucción o, lo que es lo mismo, para realizarse.
sábado, 27 de julio de 2019
Un día más que hemos vivido. Un día
más que hemos soportado la vida. Un día menos de vida que nos queda.
Son tres formas distintas de decir
lo mismo, y las tres igualmente válidas en relación con la verdad.
Lo que ya no es válido es la carga
afectiva con que las pronunciamos. Precisamente porque esa carga es lo
personal, lo subjetivo, lo irracional y, por lo tanto, lo auténtico.
lunes, 15 de julio de 2019
Todo invento es una
alteración del equilibrio y, fuera cual fuera la intención del inventor, acaba
beneficiando a unos y perjudicando a otros, es decir, es utilizado como arma
ofensiva. Por tanto, en principio, ningún invento debería aplicarse hasta que
no se supiese cuáles serían sus efectos. Quizá todo inventor debería guardar su
invento para sí. Quizá ningún invento debería ser llevado a la práctica hasta
que no hubiera sobre esto un acuerdo unánime. Pero, ¿qué pasa en nuestra época
que hay acuerdo unánime en la aplicación de los nuevos inventos aún antes de
conocerlos?
sábado, 6 de julio de 2019
El deseo de vivir es el principio de
toda corrupción. La pureza, inspirada en la idea de la perfección, se
contrapone a las exigencias de la vida práctica, orientada sólo a las
exigencias de la supervivencia y de la lucha contra los otros. De este modo se
han corrompido todas las religiones, todas las filosofías. Las creaciones de
esos poetas, de esos místicos que son los fundadores, solo pueden aplicarse a regir
la vida real de los pueblos tras un proceso de desvirtuación, de falsificación.
¿Cómo ha podido, si no, el budismo, la filosofía de la no existencia, ayudar a
la supervivencia de las gentes en una región tan inhóspita como el Tíbet? Y en
todas las religiones, elementos de la unión entre los hombres, de consolidación
social para la vida, existe y perdura la tensión entre la herejía y la
ortodoxia. La primera busca el retorno a los ideales originarios de perfección,
de trascendencia, de superación de la realidad insatisfactoria y vulgar. La
segunda, busca la adaptación a la circunstancia del momento, la satisfacción de
los deseos de las masas. Y tened en cuenta esto: una religión en la que han
dejado de aparecer herejías es una religión muerta.
miércoles, 31 de octubre de 2018
El mundo del futuro, o toda arma tiene dos filos.
¿Cómo será el mundo del futuro en estas condiciones?
Voy a permitirme hacer una predicción.
Habrá varias clases sociales.
Para empezar, la mayor parte de la población vivirá de las ayudas del Estado. Eso será inevitable, según predicciones que circulan en abundancia, sobre todo con el progreso de la robótica. La ocupación de toda esta gente consistirá en tareas de ocio, orientadas al disfrute y a la ocupación del tiempo libre.
Tendrá que haber una gran cantidad de empleo público. El Estado creará puestos de trabajo de mayor o menor utilidad, pero inevitables, aunque sólo sea para crear un vehículo de distribución de la riqueza producida por las máquinas. Una buena parte de ese empleo consistirá en un gran ejército de "inspectores de hacienda", gente cuya misión será perseguir a los que poseen y manejan el capital productivo: las máquinas en su enorme diversidad. Será así necesariamente, a no ser que se produzca un drástico cambio en la naturaleza humana. A los productores directos no les hará ninguna gracia que el Estado se apodere de la mayor parte de su producción.
Y habrá un cierto número de profesionales altamente cualificados que, empleados por las grandes empresas, por el Estado o por libre, gozarán de un envidiable estatus social y económico. Una minoría, en la que privará una intensa competencia.
Si lo pensamos desde la realidad de lo que ahora es el mundo, se nos antoja como una utopía imposible. Desde luego, para que llegue a ser posible debe cumplirse una condición: una muy notable elevación del nivel moral e intelectual de la gente. Pero, ¿es eso posible? ¿Es compatible la naturaleza humana con un alto nivel general de conocimiento y ética?
Todo esto, por supuesto, si es que hay futuro. Que no está claro en absoluto.
jueves, 25 de octubre de 2018
El siglo Cuarto: La invención del totalitarismo.
Sin embargo, en el siglo IV sí ocurrió un hecho de suma importancia: la efectiva cristianización del Imperio y el empeño por parte de la autoridad imperial de imponer una cierta ideología oficial, seleccionado para este cometido la religión cristiana, que ya a mediados del siglo era considerada como "la religión" por excelencia.
Todo el siglo está marcado por el fenómeno de la imposición del cristianismo y, quizá sobre todo, por las innumerables disputas doctrinales entre unos y otros grupos cristianos, entre los diversos obispos y, quizá de forma muy importante, de la controversia entre los que querían aclarar, depurar, racionalizar la doctrina y los que pretendían simplemente uniformarla, en lo que debemos considerar como el invento del totalitarismo en la Historia.
Por supuesto, y como en repetidas ocasiones puede comprobarse en la historia romana, muchas gentes, e incluso ciudades o regiones enteras, siguieron practicando doctrinas y religiones diversas según buenamente les parecía, pero ese intento de unificación ideológica debe ser considerado de enorme importancia e influencia posterior, sobre todo en la configuración política y jurídica de la Edad Media.
domingo, 29 de julio de 2018
La Iliada: Libro fundacional de la cultura europea.
Resulta curioso que este libro, que acabo de calificar como fundacional de la cultura europea, no sea un libro ideológico, no sea una revelación ni una colección de principios legales ni morales. Es, simplemente, una narración. Únicamente intenta reflejar la vida.
Una narración de un episodio guerrero, lleno de violencia, pero también lleno de humanidad. Lleno de deseos, de vanidad, de admiración mutua. El deseo de matar al enemigo es compatible con un cierto modo de identificación con ese enemigo. La soberbia de Agamenón o de Aquiles es soberbia humana, y la evidente preferencia que el autor muestra por los griegos (argivos, aqueos, dánaos) no le impide entrar en la vida de los que están en la ciudad sitiada (troyanos, licios, dárdanos) y presentárnosla en toda su palpitante humanidad. La sensualidad de la relación entre Paris y Helena contrasta con los sentimientos amorosos y un tanto fatalistas de la que hay entre Héctor y Andrómaca. La ira que en Aquiles provoca la muerte de Patroclo se amansa ante la compasión que le produce el anciano Príamo, y le lleva a entregarle el cadáver de Héctor y a consentir en lo necesario para que se le tributen unas honrosas exequias fúnebres. Incluso frente al hecho de la esclavitud parece que la actitud de la Grecia homérica era distinta de que hubo muchos siglos después. Por si el lector no lo sabe, las sociedades esclavistas suelen desarrollar un odio al esclavo que excluye cualquier tipo de comprensión ni compasión. En cambio, en la Ilíada se nos refiere cómo las esclavas de Aquiles aprovechan la muerte de Patroclo para llorar sus propias desgracias.
En mi opinión, los griegos de esa época acababan de salir de la naturaleza, y en ellos ni los intereses ni la ideología habían ejercido su funesta labor de corrupción. Y este espíritu permaneció durante siglos. Es preciso señalar el hecho de que la antigua Hélade produjo filósofos, pero no profetas. La indagación libre sobre la naturaleza fue lo normal para el espíritu griego, mientras que los dioses eran simples objetos de admiración, seres humanos elevados a la máxima potencia, inútiles para cualquier intento de justificación del poder. Y hasta los últimos tiempos de la antigüedad las gentes de cultura siguieron inspirándose en este libro maravillosos y sacando de él citas con enorme frecuencia.
Este espíritu empezó a cambiar con Platón, que si por un lado produjo un notable avance en el intento de investigación de la verdad, por otro inició el camino de un espiritualismo que acabaría en la mentalidad totalitaria del cristianismo, triunfante durante toda la edad media.
miércoles, 20 de junio de 2018
Oh, bella, ciao
Ayer, en el Intermedio, supe que un grupo de viajeros, en un tren, cantó, dirigida a un líder político considerado afín o simpatizante con el fascismo, la canción "Oh, bella, ciao", que es tenida por una canción antifascista. Pero...
Una vez escuchada la canción, tuve que preguntarme qué tenía esa canción de antifascista. ¿Quizá que menciona a los partisanos, grandes enemigos del fascismo y de los ocupantes alemanes?
Poca cosa para mí. Porque para mí, el fascismo, el comunismos, el liberalismo o el cristianismo se diferencian fundamentalmente por el sistema de ideas y creencias que propugnan.
Pero no caigamos en un exceso de ingenuidad.
En el mundo real, lo más importante no es la ideología, sino el grupo. Para el individuo es muy importante pertenecer a un grupo, estar integrado en un colectivo de amiguetes que te echan una mano si lo necesitas, te ayudan a ascender socialmente, o a robar en el supermercado, si un día lo necesitas. El grupo es sobre todo un colectivo de colaboración y de defensa contra el resto de los grupos. Luego, sólo como un parte del sistema y a veces no la más importante, está la ideología. Aunque, en mi opinión, es en las formaciones más o menos de izquierdas donde hay más idealismo y honradez, y donde, por lo tanto, tiene más importancia la ideología. Pero eso es otra cuestión. En este momento lo que ha llamado mi atención es ese hecho: una hermosa canción que sirve de símbolo identificatorio a... ¿una ideología, un proyecto social, o un colectivo humano?
Pero no fijemos nuestra atención en el antifascismo. Es un fenómeno generalizable a cualquier grupo humano.
viernes, 15 de junio de 2018
El deseo de vivir.
El deseo de vivir es el principio de toda corrupción. La pureza, inspirada en la idea de la perfección, se contrapone a las exigencias de la vida práctica, orientada sólo a las exigencias de la supervivencia y de la lucha contra los otros. De este modo se han corrompido todas las religiones, todas las filosofías. Las creaciones de esos poetas, de esos místicos que son los fundadores, solo pueden aplicarse a regir la vida real de los pueblos tras un proceso de desvirtuación, de falsificación. ¿Cómo ha podido, si no, el budismo, la filosofía de la no existencia, ayudar a la supervivencia de las gentes en una región tan inhóspita como el Tíbet? Y en todas las religiones, elementos de la unión entre los hombres, de consolidación social para la vida, existe y perdura la tensión entre la herejía y la ortodoxia. La primera busca el retorno a los ideales originarios de perfección, de trascendencia, de superación de la realidad insatisfactoria y vulgar. La segunda, busca la adaptación a la circunstancia del momento, la satisfacción de los deseos de las masas. Y tened en cuenta esto: una religión en la que han dejado de aparecer herejías es una religión muerta.
El deseo de vivir es el principio de toda corrupción. La pureza, inspirada en la idea de la perfección, se contrapone a las exigencias de la vida práctica, orientada sólo a las exigencias de la supervivencia y de la lucha contra los otros. De este modo se han corrompido todas las religiones, todas las filosofías. Las creaciones de esos poetas, de esos místicos que son los fundadores, solo pueden aplicarse a regir la vida real de los pueblos tras un proceso de desvirtuación, de falsificación. ¿Cómo ha podido, si no, el budismo, la filosofía de la no existencia, ayudar a la supervivencia de las gentes en una región tan inhóspita como el Tíbet? Y en todas las religiones, elementos de la unión entre los hombres, de consolidación social para la vida, existe y perdura la tensión entre la herejía y la ortodoxia. La primera busca el retorno a los ideales originarios de perfección, de trascendencia, de superación de la realidad insatisfactoria y vulgar. La segunda, busca la adaptación a la circunstancia del momento, la satisfacción de los deseos de las masas. Y tened en cuenta esto: una religión en la que han dejado de aparecer herejías es una religión muerta.
martes, 8 de mayo de 2018
Manadas, piaras y jaurías.
¿Cuál es la naturaleza del comportamiento humano?
Hoy nos ha informado la televisión de que existe un más allá del humano comportamiento de "La Manada". Resulta que, a raíz de la apertura de juicio contra este conjunto de energúmenos, y una vez divulgados los datos personales de la víctima, han surgido por las redes sociales, foros y webs una infinita serie de comentarios sarcásticos, insultos y barbaridades que parecen justificar o al menos sintonizar con la actuación de "los machos" y en desprecio de la mujer que ha tenido que sufrirlos.Este hecho produce un estremecimiento de horror quizá mayor que el derivado del hecho en sí. ¿Será este un comportamiento natural? Un comportamiento que no me atrevo a llamar "bestial" porque tengo la impresión de que muy pocas bestias se aproximan a algo así.
Y el caso es que, en su punto de partida, no parece que eso sea "natural" en la especie humana.
Efectivamente, los antropólogos llevan mucho tiempo observando la vida en diversas comunidades primitivas, y sabemos que, si nos acercamos a los tiempos realmente primitivos del hombre, nos encontramos con que las cosas han sido notablemente distintas.
Por ejemplo, en esas épocas lejanas, pero que quizá sigan vivas en algunos grupos aislados, el machismo no existe. Y es más corriente la poliandria que la poliginia. Hay registros documentales de sobra acerca de la institución del matriarcado en muchas tribus primitivas. La existencia de mujeres con varios maridos ha sido muy corriente en las islas del Pacífico, o entre diversas tribus amazónicas, o entre los habitantes de zonas muy pobres del planeta (por ejemplo el Tibet), donde es normal que dos maridos compartan una sola esposa. Los fang, terribles guerreros africanos del entorno del golfo de Guinea, asumen sin dificultad los hijos que sus mujeres han tenido con otros hombres. Quizá todavía (o al menos en tiempos muy recientes) exista en china una comunidad (los mosuo, en las estribaciones orientales del Himalaya) donde la organización social es completamente distinta de la nuestra, siendo allí las mujeres las que trabajan y las que mandan. Los hombres viven relajadamente, y sólo trabajan cuando es completamente necesario, porque hay mucho trabajo o es especialmente duro: recogida de la cosecha u ocasiones en que es preciso remover la tierra o cortar leña. La propiedad (mucho menos desarrollada que entre nosotros) pasa de madres a hijas, es más comunal que individual, y en cuanto al matrimonio, ni siquiera existe. Cada mujer puede tener cuantos amantes desee, y lo normal es que cada hombre tenga varias novias. El sexo se resuelve mediante un sistema de visitas nocturnas y, aunque quizá exista algún sentimiento parecido a los celos, al no tener apoyo social, es fácilmente superable y no tiene importancia. Parecido a lo que Margaret Mead nos informa acerca de la isla de Samoa (donde estuvo en la década de 1920), donde es impensable que un hombre maniobre para reservarse la exclusiva de los favores sexuales de una mujer.
¿Cómo hemos llegado a la situación actual, donde lo más grave no es que se haya producido el hecho que ahora nos horroriza, sino que podemos constatar la existencia de numerosas "manadas" y de todo un sector social que parece apoyar los comportamientos de ese tipo?
Entre el idílico comportamiento de los samoanos y el tiempo actual creo que existe una etapa intermedia donde el horror el lo cotidiano y lo constante. La "civilización a medias" (Edad Media, Islam, esclavitud, etc.) es quizá la peor de las situaciones. Y la estratificación social, el derecho de propiedad, y diversos delirios acerca de la familia y la sexualidad son sumamente peligrosos. Hasta el punto de que podemos dudar de si vamos hacia adelante o hacia atrás.
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domingo, 26 de noviembre de 2017
La violencia sexual.
La egoísta
e irresponsable brutalidad de "La Manada" ha hecho aflorar en los
periódicos un sinnúmero de artículos acerca de la violencia sexual, que, al
parecer, es algo que va en aumento en nuestros tiempos. Un alarmante signo de
esto es el hecho de las actitudes controladoras y machistas de demasiados
chicos con respecto a sus "chicas", sean éstas novias formales o no,
a las cuales éstas responden, con demasiada frecuencia, con sumisión y conformismo.
Lo cierto
es que en el mundo occidental esto no es algo nuevo. Las ideas y los
movimientos acerca de la liberación femenina tienen su más llamativo punto de
arranque en los años sesenta, en un momento en que se creyó que la liberación
general de la humanidad iba a ser posible. En estos momentos sobran motivos
para el pesimismo: de momento, estamos retrocediendo y no podemos estar seguros
de que sea posible cambiar esta tendencia.
Pero es que
la tradición anterior, incluso en nuestro mundo, abunda en ese sentido. La
mujer estaba sometida al hombre y tutelada por éste, incluso legalmente. Y
según algunos testimonios que he podido recoger (e informaciones librescas y
periodísticas variadas), en los años cuarenta y cincuenta el que un marido pegase
a su mujer era algo de lo más normal. Y no hablemos del mundo islámico.
Pero, ¿ha
sido siempre así? ¿Es así la humanidad por naturaleza, o se trata de un avatar
de la evolución social?
Yo siento
el impulso de recurrir a la información antropológica disponible. Y allí
descubro que en muchos tiempos y lugares las cosas han sido de otra forma.
Para
empezar, el sexo era algo extraordinariamente libre. Esto era cierto, por
ejemplo, en la Arabia preislámica, en la que, por ejemplo, cuando una caravana
llegaba a una aldea las mujeres se acercaban a los hombres para
"ofrecérseles" como la cosa más natural del mundo. Probablemente, los
maridos estaban disfrutando de favores parecidos en otras aldeas. Y, bien
pensado, era bastante lógico este comportamiento en un mundo pastoril en el que
las idas y las venidas en busca de pastos, o los frecuentes y largos viajes
para comerciar, mantenían separadas a las parejas durante largos períodos de
tiempo.
Pero es que
en muchos lugares sedentarios las cosas eran muy parecidas: los fang del golfo
de Guinea asumían sin problemas los hijos que sus mujeres tenían con otros
hombres, entre los masai el matrimonio era una institución sumamente flexible
que admitía gran libertad tanto para el hombre como para la mujer, en el África
subsahariana existían hasta tiempos no muy lejanos una amplia variedad de
fórmulas matrimoniales, en la isla de Samoa, según nos informa Margaret Mead,
era inconcebible que un hombre maniobrase para reservarse en exclusiva los
favores de una mujer, etc., etc. En este panorama, la palabra
"adulterio" carece de significado. Lo cual no significa que no
hubiese violencia, pero parece claro que la violencia sexual debía ser algo con
un significado totalmente distinto al que nosotros conocemos. Podemos resumir
este conjunto de hechos diciendo que, en los pueblos verdaderamente primitivos
o naturales, el sexo carece de importancia. En consecuencia es posible una
amplia variedad de comportamientos sexuales sin que ello provoque un verdadero
rechazo social.
Probablemente,
las cosas debieron cambiar al desarrollarse la sociedad, al establecerse la
especialización en el trabajo, el derecho de propiedad y las clases sociales.
Acompañado todo ello de un proceso de individuación que convertía a cada uno en
un adorador de su propio yo, lo cual, con la superior fuerza física que el
hombre suele tener con respecto a la mujer, convierte a ésta en un ser
supeditado a aquél. Creo que puedo afirmar que existe una etapa intermedia de
la civilización en la cual el horror alcanza su máximo histórico.
Durante la
segunda mitad del siglo XX pareció que esa situación iba a ser definitivamente
superada. Pero he aquí que la "crisis" (crisis general, de la cual la
económica es sólo uno de los aspectos, aunque quizá el más importante) hace surgir
la incertidumbre e indica el peligro de que volvamos a una de esas etapas
intermedias que a mí tan indeseables me parecen. Esto que digo sirve para los
países desarrollados de cultura occidental, ya que el resto del mundo, o gran
parte de él, puede que esté en la peor de todas las situaciones históricas.
Otra de las
cosas que se ha dicho es que "el ataque grupal está aumentando"
(Javier Urra en "El País", 24-11-2017). Esto parece estar muy
relacionado con el abundantísimo uso de las redes sociales, que facilitan el
contacto entre individuos que ya tenían una cierta predisposición. Es muy
conocido el efecto de reforzamiento que se produce cuando se reúnen un gran
número de individuos con un comportamiento similar. El individuo se siente
estimulado y prácticamente obligado a actos de los que sería incapaz por sí
solo. Es un ejemplo del efecto de las nuevas tecnologías, responsables en gran
medida de la crisis al eliminar muchos seres humanos del proceso productivo,
pero también al producir efectos indeseados en la psicología colectiva. Estas
tecnologías, que por un lado nos dan la oportunidad de crear en Estado
verdaderamente eficaz en la ordenación de la vida humana, por otro lado
facilitan el fomento de actividades gravemente lesivas para los demás.
¿Hacia
dónde vamos?
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